Antes de empezar con mi perorata tras el parón de Semana Santa, quiero dejar claro que respeto a todos los creyentes católicos, y que sin embargo, me posiciono totalmente en contra de la Iglesia y sus portavoces, los cuales cometen día tras día actos contra la inteligencia. No puedo dejar de sentir asco por sucesos como los del obispo de Alcalá de Henares, que empiezan a ser una constante, que salpica a cuentagotas de declaraciones vergonzosas de un gremio que tiene un hueco excesivamente en la sociedad. Dicho queda.
Se apropian de los dictámenes de su Dios y las interpretan de acuerdo con sus intereses. Se alinean con partidos políticos y se inmiscuyen en asuntos de Estado.
Se anclan en la Edad Media y piden al resto del mundo que no avance y progrese.
Se oponen a que dos personas, a pesar de que sean del mismo sexo, puedan desarrollar algo tan bello y de lo que tan a favor está su Dios como es el amor.
Están en contra de que dos amantes se protejan contra el SIDA.
Su Dios es misericordioso, pero ellos irradian rencor.
Deberían practicar el voto de pobreza, pero su líder se pasea por el mundo entero derrochando dinero a raudales y portando joyas que valen un dinero valiosísimo, el que se podría utilizar para alimentar a miles y miles de familias. Pero luego te piden dinero en la declaración de la Renta, limosna en las misas y apela a tu espíritu de solidaridad en el día del Domund.
Del voto de castidad, casi no hablamos.
Claman a favor de la paz, pero mantuvieron a Europa durante cientos de años en guerra para, a base de acero y sangre, implantar en el continente la Palabra de Dios.
Se creen con el derecho de establecer la forma de vida de millones de personas, y con la doctrina del o con nosotros o contra nosotros, se lanzan al ataque de aquellos individuos que no obedecen.
Vocean desde un altar, con la sensación de que su palabra es la ley.
Vocean su sinsentido a través de todos los canales posibles, demuestran al mundo entero que sus razonamientos huelen a cerrado.
Vocean y vocean, gritan, patalean, atacan, insultan, discriminan, marginan…y sin embargo, no se dan cuenta de que ya no tienen cabida en los tiempos que corren.
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