miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Dónde han quedado los héroes?

Estaba a punto de abrir un documento de Word para escribir algo en el blog, y de repente he leído algo de Iñaki Gabilondo en la gala de los Ondas. Años atrás, me habría enganchado a la radio para escucharle, pero hoy no me ha salido. Años atrás habría necesitado escucharle, pero hoy no.  Años atrás, habría sentido algo especial al escucharle hablar de la profesión que yo escogí por personas como él, pero me deja un regusto de indiferencia. Un mito, un ídolo, casi una especie de líder o de referencia ética o moral o actitudinal (en este caso, en el periodismo) que se marcha por la puerta de atrás. La pena es que ni mucho menos es el único.

Y en esto estaba pensando cuando me he dado cuenta de que ya no quedan líderes o referentes públicos, ya sean éticos, morales o actitudinales. O al menos eso es lo que cada pienso con más frecuencia.

No hace tanto tiempo, había personas que lo daban todo por sus ideales; ahora me cuesta hallar a personas con ideales definidos y mucho más a personas que los defiendan a capa y espada. No hace tanto tiempo, había políticos que eran honestos (de esto no estoy tan seguro, pero quiero creerlo); en este momento me cuesta separar el ejercicio de la política de la indecencia y la corrupción. Y lo que más me duele: no hace tanto tiempo, había periodistas que dignificaban el oficio, luchaban por hacer de cuarto poder y por servir al ciudadano. Darse un paseo esta noche (y en realidad cualquier día a cualquier hora) por las webs generalistas borra de un plumazo cualquier atisbo de idealismo.

Pero, ¿de verdad estamos tan huérfanos de líderes o referentes éticos, morales o actitudinales? En la esfera pública, mi respuesta es un sí rotundo. El oasis en el desierto está en nuestra vida cotidiana, supongo. En nuestra familia, en nuestro círculo de amigos…pero corremos el riesgo de perderlos también si no tenemos un reflejo exacto al otro lado. Sería una verdadera tragedia, porque es de lo poco que nos queda.

"A menudo los héroes son desconocidos" (Benjamin Disraeli)

lunes, 18 de noviembre de 2013

Titular nunca se me ha dado bien

La mayoría de las personas nacen (sin saberlo) con una cualidad innata. Las hay de todas las clases y colores, aparecen antes o después (o mejor dicho, nos damos cuenta de que las poseemos)…pero siempre están, pertenecen a la persona que las domina como parte de su ADN, como una pieza elemental de un rompecabezas sin la cual éste carece de sentido y solución.

En mi caso, durante muchos años pensé que valía para un poco de todo, pero para nada en especial. Incluso sabía qué quería ser antes de qué sabía hacer bien, una especie de testarudez que no estaba mal encaminada. Pero no del todo, porque con un micrófono en la mente, pronto me di cuenta de mi equivocación: lo que se me daba bien, lo que me hacía sentir a gusto conmigo mismo, un terreno en el que me sentía seguro, era la escritura. Un lápiz, un bolígrafo (la caligrafía no estaba reñida con ella), un teclado (lo que soluciona el problema anterior)…en definitiva, los instrumentos para hacer lo que mejor sé hacer, que no implica que esté bien hecho.

A veces, la vida, la profesión, el destino o una combinación de varios o todos estos factores, te aleja de la calle, que es donde pasan las cosas. Estar lejos de las cosas te adormece, y cuando menos te das cuenta ya no sabes de qué o sobre qué escribir. Y joder, acojona un poco. Porque te piensas que ya no vales para esto y que tienes un título (aún ni eso) vacío. Que la realidad está muy por encima de ti. La primera crisis de un periodista sin llegar a ser periodista. Tiene huevos. Pero tiene remedio.

Y es tan sencillo que simplemente contando por qué vuelvo a escribir en el blog ya inicio la terapia. Volver a juntar letras, sílabas, palabras. Hacer frases con sentido (o que así lo parezca al menos). Contar algo (a poder ser interesante). Y escribir. Escribir por el placer de escribir. Puede que me canse al segundo día. Puede que lo que escriba no valga para nada. Pero…nunca se sabe: a lo mejor en una de estas me encuentro con la historia de mi vida. Y si esto no sucede, el camino, por lo menos, habrá sido divertido.

"Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito" (Truman Capote).