martes, 10 de abril de 2012

Por la puerta del garaje


Según el Diccionario de la Real Academia Española, el cobarde es aquel quien está falto de espíritu o de valor. Pues bien, si alguien ha mostrado tener tal cobardía en las últimas horas ha sido Mariano Rajoy. Porque con la que está cayendo, con la prima de riesgo superando los 425 puntos, la Bolsa en caída libre, las continuas sospechas sobre la necesidad de un rescate al país, una cifra de paro que no hace más que engordar y los denigrantes recortes anunciados en Educación y Sanidad de nada más y nada menos que 10.000 millones de euros, la responsabilidad del Presidente del Gobierno es dar la cara y ser él mismo quien anuncie las medidas y explique a los ciudadanos por qué se toman y en qué puede afectarles.

Sin embargo, ha protagonizado una de las escenas más bochornosas que se recuerdan a un jefe del Ejecutivo español (junto al acento tejano de Bush o el francés de Zapatero) en una huida del corro de periodistas que esperaban su salida del Senado, ofreciendo una imagen de desconcierto ante los profesionales de la información, que han visto cómo sus preguntas no han tenido respuesta por parte de Rajoy, que ha tomado las de Villadiego, saliendo por el garaje. Solo un lamentable: “¿No hay otro sitio por dónde salir?”.



Por tratarse de Rajoy, esta actitud es todavía más reseñable, ya que durante en gran parte de la legislatura de Zapatero, terriblemente marcada por la crisis, el líder popular se jactó de ser el cambio necesario para el país, un giro de 180 grados que daría la tranquilidad que los mercados piden a gritos. Y una vez en el poder, prometió no esconderse y dar la cara ante la crisis.



Vamos, lo que se dice un ejemplo de hipocresía pura y dura. Porque, al fin y al cabo, cuando pintan bastos –y éste es el caso-, lo menos agradable es tener que poner la cara cuando todo indica tormenta. Pero claro, desde la oposición seguro que eso se ve más fácil.

¿Se merece la población algo así? Castigada por continuos reveses en forma de recortes, de subidas de tarifas y sometida al bombardeo de noticias negativas, la ciudadanía española solo obtiene como respuesta la huída de un presidente que nos deja solos con el marrón para que nos las apañemos como mejor sepamos. Y mientras tanto, él sale por la puerta del garaje.

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