Era el mismo Rajoy quien ponía de relieve “el ejemplo de dignidad humana” que representaba Mandela y quien aseguraba que todo el mundo debía aprender de su forma de actuar. Y, lo más hilarante, añadía esta frase: "Es muy importante resaltar que ha hecho de la concordia la fuerza de su mandato. De eso hemos de aprender todos". Esto fue el 6 de diciembre, y menos de mes y medio después suena aún más obsceno.
Solo (sí, haré caso a la RAE y pasaré de los acentos en esta palabra para siempre) un ejemplo: el del proceso de paz en Euskadi. Rajoy, que llama a la concordia, logra la connivencia de jueces afines a su causa para suspender manifestaciones. Rajoy, que dice que todos debemos aprender de Mandela, se pone de lado del nido de ultraderecha de la AVT. Rajoy, que quiere emular al político con mayor tacto, tolerancia y adaptación a las circunstancias del siglo XX, opta por la división cuando tiene la pelota en su tejado para comenzar un proceso de garantías.
Se ve que el espíritu de Mandela es tan itinerante como las unidades violentas de Gamonal (las que no iban con uniforme azul, quiero decir) y Rajoy lo ha confundido con otra cosa, exactamente con lo contrario. Quizás otro viaje a Sudáfrica pagado con el bolsillo del contribuyente para decir un par de gilipolleces sobre la final del Mundial le hagan reencontrarse con él. Pero que el billete sea solo de ida.
“Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces él se vuelve tu compañero” (Nelson Mandela).