viernes, 3 de junio de 2011

Autómata 5

Surgió de repente, sin previo aviso. Fue un viernes por la noche, tras una intensa jornada de trabajo en la oficina. Haciendo zapping en la televisión vi una película en la que un hombre le decía a su pareja la frase: “No puedo vivir sin ti”. Por la inercia cambié de canal sin querer, pero tras un momento volví a la película. Parecía que la chica estaba dejando a su novio, que trataba desesperadamente de convencerla para que no lo hiciera. La escena transcurría en un parque, y los dos estaban sentados en la hierba, el uno frente al otro. Se me ocurrió que la situación bien podía haber sucedido en un café, como me paso a mí. También me sentí extrañamente reflejado en el hombre, que volvía a la carga:
-Dame tiempo para cambiar, ¡Te aseguro que lo haré!
-Te lo he dado muchas veces y nunca lo has hecho. Estoy cansada. No.
Ella hizo ademán de levantarse, pero él se lo impidió:
-Por favor –farfulló, empezando a perder el control-, no me hagas esto.
Parecía casi una súplica de alguien que se sintiera condenado.
-Lo tengo decidido. Se acabó, no puedo seguir así. Te deseo lo mejor.
Esa vez el chico no la impidió marcharse. Segura, se levantó de la hierba y abandonó el lugar. Por lo menos te han deseado suerte, chaval, y no te han puesto los cuernos como a mí, pensé. Entonces, el chico se puso a gritar, fuera de sí:
-¡No! ¡No puedo vivir sin ti! ¡No quiero! ¡No puedo vivir sin estar contigo!
Me compadecí de él, aunque al cabo de un segundo me di cuenta de que yo estaba igual. Y hallé una solución al problema, una solución que me puso los pelos como escarpias y me subió la adrenalina hasta los topes. Elena no iba a volver junto a mí, eso parecía claro. No puedo vivir sin ti, había dicho el chaval. A mí me pasaba algo parecido, por no decir lo mismo. Y si no podía vivir sin ella, ¿por qué alargar la agonía? En ese momento, delante del televisor, pasó por mi mente la muy tentadora idea de borrarme del mapa, de suicidarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario