Se cumplen 9
años de la matanza en Atocha, Santa Eugenia y El Pozo. Mucho tiempo, pero insignificante a la hora
de cerrar heridas. Fueron unos días de dolor para todos los españoles, días que
marcaron la Historia de España. Es curioso cómo la mente, ante hechos
especialmente dramáticos o relevantes, se conjura para almacenar todos los
detalles que, en circunstancias normales, no se quedan en la memoria. Y yo me
acuerdo de muchas cosas de esos días de marzo.
El
informativo de la mañana informando de explosiones. Mi idea preconcebida de que
sería ETA. Mi tutora informándonos a media mañana de lo que había pasado. El
miedo por mi madre, que cogía el metro a esa hora. Llegar a casa y poner las
noticias. Tirarme las horas muertas absorbiendo todo lo que se decía en ellos. La
tristeza en los rostros de la gente cuando fui a recoger al colegio a mi
hermano. El examen del día en el que nadie había estudiado, las charlas con los
profesores, que intentaban explicarnos lo que había ocurrido. Mi tutora,
hablando de la hospitalidad con la que le había acogido Madrid y la pena
infinita que sentía. El minuto de silencio en el partido que jugué el sábado.
La sensación de que se nos estaba ocultando la verdad. La jornada de reflexión
con las manifestaciones en las sedes del PP. El vuelco electoral. La lluvia que
cayó durante todos esos días.
Y muchas
cosas más, imposibles de explicar. Que solo se pueden sentir.
Lástima que,
nueve años después, las víctimas sigan divididas, los políticos que negaron la
realidad sigan ejerciendo la política (e incluso presidan el país) y algunos
medios siguen empeñados en mantener teorías conspirativas que solo contribuyen
a aumentar el dolor de las víctimas y a sostener una postura bochornosa.
Quizás, un
día, se le pueda rendir el mayor homenaje posible a los afectados: acordarnos
de ellos sin trencillas, ni rencores. Unidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario