domingo, 18 de marzo de 2012

El voto venezolano


El rasgo más fundamental y significativo de una democracia es el derecho de los ciudadanos a elegir a sus políticos, las personas que han de dirigir el futuro de un país, y en definitiva, el de sus habitantes. Y sobretodo, que esa elección se lleve a cabo bajo ningún tipo de presión ni intimidación. Hoy en día, esto parece una perogrullada, pero en algunos rincones del planeta no deja de ser un sueño por cumplir. Uno de esos enclaves es Venezuela.

La pasada semana tuve la oportunidad de asistir a una charla en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense que abordaba el problema de la democracia en el país. Así, de la mano de Ramón Muchacho –candidato para la alcaldía de Chacao de la Mesa de la Unidad Democrática, partido de Henrique Capriles, rival de la candidatura de Chávez, el Gran Polo Patriótico-, el profesor Tomás Páez y el miembro de la plataforma democrática de Madrid, William Cárcenas, pude oir de primera mano cuál es la realidad venezolana desde el punto de vista de los votantes. Una realidad terrible.

Porque los 18 millones de venezolanos que integran el censo electoral han de votar en unas condiciones que distan de las que se considerarían correctas. El sufragio es universal, pero no secreto, ya que los votantes aparecen en unas listas que pueden propiciar persecuciones ideológicas, por lo que la presión del regímen oficialista a través de ese canal es uno de los métodos por los que se coacciona a un electorado que, con un gran porcentaje de personas de entre 20 y 30 años a los que el discurso de Chávez no ha convencido, puede cambiar por vez primera en el siglo XXI el devenir político de Venezuela. Sin embargo, hay más obstáculos en el camino de los votantes.

Otra traba para el desarrollo de unas elecciones limpias es el engorde del censo electoral, alargando la vida de determinadas personas –incluso hasta los 120 años- o incluyendo en él ciudadanos de otros países afines a Chávez, como pueden ser Cuba o China. Sumadas a todo esto, las llamadas máquinas ¡captahuellas”, en las que votan los venezolanos, son imposibles de escrutar para los observadores internacionales. Por lo tanto, la conjunción de estos síntomas dan lugar a una situación en la que la democracia es mancillada periodo día tras día. Con una limitación del poder de los ciudadanos y el control por parte del Estado del 85% de los medios de comunicación, la problemática parece diluirse en el tiempo o incluso parecer algo novedoso, a pesar de que existen antecedentes como los del referéndum de 2004, cuyo resultado provocó manifestaciones al día siguiente por las sospechas de pucherazo.

La oposición reclama un sistema de voto limpio, tradicional y manual, con urnas transparentes, además de exigir la depuración del padrón electoral y la eliminación absoluta de las máquinas electrónicas y captahuellas usadas para perseguir y vulnerar los derechos de los ciudadanos venezolanos. Pero nada de esto servirá si las personas que están bajo el yugo de la represión política no disponen de un altavoz que de a conocer al mundo entero qué es lo que sucede en Venezuela, un país carcomido por la corrupción, con la tasa de inflación más alta de Latinoamérica, que ha perdido el 40% de su parque industrial y cuyo desempleo es creciente, con porcentajes de entre el 9 y el 10%.

Por esto, parece que la limpieza democrática y el establecimiento de un sistema que garantice los derechos y libertades (de cualquier tipo) de los venezolanos es el primer pilar que hay que plantar para quela situación del país cambie a todos los niveles. El 7 de octubre se decidirá en las urnas quién gobernará a Venezuela durante los próximos 6 años, y de paso, si la nación venezolana podrá progresar democráticamente o seguirá dando pasos hacia atrás. Casi al término de la charla, uno de los asistentes se preguntaba si, en el caso de que Capriles se hiciera con el poder, los venezolanos podían estar seguros de que no sería el mismo perro con distinto collar. En este punto, y con la ciudadanía cada vez más segura de por quién pasa la solución, la pelota se encuentra en el tejado de los políticos que ganen en los comicios, ya que deben ser ellos los que redireccionen el destino de un país que parece abocado al colapso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario