Uno preguntaba, otro evadía contestar.
Uno se confesaba perdedor en sus palabras, otro esperaba a que el perdedor le pusiera la victoría más aún en bandeja.
Uno no hablaba del 15-M, ni de medidas para la juventud. El otro, tampoco.
Uno se enfrascaba en los errores del contrario. El otro, también.
Uno no miraba a sus notas demasiado. Otro, constantemente. A los dos les faltó mirarse más al espejo.
Hablaban en nombre de los españoles, pero no se preocuparon de saber si estaban legitimados para ello.
Estaban dos, pero faltaban unos cuantos.
Todos, o casi todos, dicen que ganó Rajoy. Yo digo que Rubalcaba. Porque fue el único de los dos que se preparó el debate. Porque tenía bien claro a quién se dirigía. Y a pesar de la herencia de Zapatero y su Gobierno, en el que él estaba. Porque ante todo, hay que reconocer eso. Pero, si soy sincero, prefiero otro gobierno socialista y exponerme a lo que pueda pasar que a un gobierno de derechas que va a acabar con lo público y con varias luchas ganadas por la sociedad. Esa sociedad que, irónicamente, va a contribuir a que Rajoy llegue a La Moncloa por la derrota del PSOE.
Quien tenga lo que hay que tener, que se apiade de nosotros a partir del 21 de noviembre.
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