Distan casi dos meses desde mi última entrada en el blog (y una entrada tan solo en casi tres meses), y eso se debe a la necesidad de desconectar. A la necesidad de renunciar a algo durante un periodo para no perderlo para siempre. Porque nunca he querido dejar de escribir, pero sí he tenido miedo de no tener la capacidad de contar nada más que fuera de interés. Por eso, en estos casi tres meses me he dedicado a observar y a pensar, más que a otra cosa. Y creo que no vengo con energías renovadas, pero sí con las ideas más claras acerca de lo que quiero escribir. Y sobretodo, con la convicicción de que escribir por el mero hecho de escribir no vale. Solo basta el sentimiento de saber qué se escribe algo sale de dentro, que se escribe algo sobre lo que gusta escribir o que se escribe poniendo todas las ganas que la escritura requiere. En definitiva, que esto vuelve a funcionar.
Y funciona, en parte, porque personajes como Esperanza Aguirre me desesperan me hacen proclamar a los cuatro vientos que estamos yendo hacia atrás, abandonamos el progreso y nos retrasamos gracias a las medidas impulsadas por la derecha neoliberal que ataca con la privatización de los más preciados bienes de la sociedad: la educación y la sanidad públicas. De esta forma, y solo hablo de la Comunidad de Madrid, 3.000 profesores menos en este año han dejado de enseñar para que sus compañeros se enfrenten a un mayor número de horas y a un mayor número de alumnos en sus clases. Y los perjudicados, como siempre, los ciudadanos. Por cierto, el jueves, en el acto de inauguración del hospital de Torrejón de Ardoz, la policía pidió la documentación indiscriminadamente entre los asistentes a dicho acto, entre los que se encontraban personas que querían protestar por los recortes de la Condesa. Ojito con estas cosas, que no son precisamente baladíes.
¿Y lo de RTVE? Creo que es lo más bochornoso que le ha pasado al periodismo español desde Intereconomía. Que los políticos tengan tan solo en la mente semejante idea, censura previa en todos los aspectos, es lamentable e impropio de una democracia. Y no hablo solo del PP, que lanzó la iniciativa de que el Consejo de RTVE pudiera controlar el contenido de los telediarios, sino del CIU, que la secundó, y del PSOE, ERC y CCOO (¿de verdad son un sindicato?). Por lo tanto, suspenso a todos. Insisto, es bochornoso, indigno. Me asqueo de mis país y de mis políticos, que cada vez me ponen más complicado el sentido de mi voto el 20 de noviembre.
Y, para colmo, mi Gobierno (el Gobierno de todos), que tantos alardes ha hecho de libertad (creo que también ha sido muy importante en luchas sociales que se han conseguido ganar en estos 7 años), vota en contra de exigir al Gobierno cubano que habilite al periodista de El País, Mauricio Vicent, al que Cuba retiró su acreditación después de trabajar como corresponsal durante 20 años. ¿Qué está ocurriendo? ¿Acaso no importa ya lo que le pase al periodismo? ¿Acaso ya no es un bien preciado que cuidar? ¿Y la gente interesada en la actualidad cubana (me incluyo)? ¿Ya no tiene derecho a la información?
Menos mal que todavía me queda Falcao. Adios verano. Hola otoño. Nos vemos pronto.
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