jueves, 12 de diciembre de 2013

Historias que no se pueden contar

Dicen los que entienden de lo a que me dedico que muchas historias encuentran al periodista, y no al contrario; que solo se aparecen a una persona que, por avatares de la vida, tiene la responsabilidad, el honor o el privilegio de contar algo que el resto no puede.

Hace no tanto tiempo habría estado de acuerdo. Pero ya no. No en todos los casos. Siempre hay excepciones. Porque hay historias que, aunque sean dignas de ser contadas, no se pueden contar. Y no es incoherencia, es que la vida en sí misma es un misterio que creemos entender. Y repito, solo creemos. Una reflexión algo enrevesada, pero intento explicarme.

Por tradición, costumbre, o una simple tendencia de la que nos imbuimos al observar el mismo comportamiento en otros seres humanos, solemos pensar que lo más conveniente cuando una vivencia nos tortura es contarla, como una forma de liberarnos de ella. Discrepo. Una vez más, solo lo creemos. Pero creer y estar en lo cierto muchas veces no son sinónimos. Y yo, periodista (que en su máxima concepción idealizada lucha siempre por buscar o desempolvar la verdad), creo que hay historias que han de permanecer en el anonimato, en el recuerdo de sus protagonistas. En un círculo íntimo al que solo están invitados ellos. 

Esta conclusión, evidentemente, no la puedo avalar con argumentos indestructibles e inmaculados. Es solo una cuestión de sensaciones. Es la percepción de violar, de profanar (ésa sería la palabra más adecuada) una vivencia que puede ser merecedora de un texto, un reportaje o incluso un libro y que, sin embargo, solo está reservada a sus personajes. Y cuánto más se piensa en ellas, más se las concibe como un futuro escrito irrepetible. Quizás por el hecho de que se nos niegan. Quizás porque intentamos convencernos de que no estamos equivocados, cuando sí lo estamos.

O quizás, y esto es lo más fascinante, porque las mejores historias son aquellas que no se pueden conocer. 

"A quién le dices tu secreto, le vendes tu libertad" (James Howell)

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