viernes, 6 de enero de 2012

Deseos de cosas imposibles


Las navidades, que ya se acaban, son tradicionalmente un tiempo de reflexión y de promesas y peticiones para el año que entra. Y yo también tengo mis compromisos y mis peticiones, que por otra cosa no será, pero por pedir…que no quede. Y que no falte.

Al 2012 le pido lo típico, como salud para los míos, un poquito de trabajo y no perder nada de ese optimismo que a veces cuesta tanto encontrar con los problemas de la vida, que cada vez está más complicada. Por eso, más que nunca, pido alegría a la gente, y ganas de que las cosas cambien. También pido que seamos buenas personas, porque es otra de las cosas que más necesitamos. Y no me olvido de pedir que despertemos, que todos nos demos cuenta de lo que pasa en este mundo y que reaccionemos, porque no podemos ser unas simples marionetas. Y, qué remedio, tampoco se me olvida pedir que la crisis de vaya de una puta vez, aunque no creo que cuele.

¿A qué me comprometo a cambio? A buscar siempre los aspectos positivos de cualquier realidad, a buscar una sonrisa como motivo para despertarme, a encontrar en un buen gesto una razón para girar el mundo. A no resignarme. A luchar por todo lo que me proponga y a creer que soy capaz de hacerlo. A no perder el buen humor y a recordarme a mí mismo que la vida en sí es el mayor de los misterios y que estoy aquí porque tengo la inmensa suerte de formar parte de él. A no quitarme años de vida con mi Atleti (difícil). A confiar un poco más en la condición humana. A aprender de lo malo y disfrutar de lo bueno. A protestar por todo aquello que considere injusto y a defender todo lo que me parezca justo y necesario. Y por supuesto, me comprometo a que puedo dejar de hacer algo de todo a lo que me he comprometido.

Porque, si de algo estoy seguro, es de que me comprometo a no dejar nunca de ser yo mismo.



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